Estrellas del Judo judo internacional

Anton Geesink el gigante de oro

Anton Geesink pasó a la historia por haber sido el primer judoka no japonés en conseguir el oro olímpico, gesta conseguida en la nación del sol naciente.

Pero esta historia tiene un inicio y es el nacimiento del niño que luego convertido en una mole de casi 2 metros y 120 Kg haría llorar a Japón en la Olimpiada de 1964. Geesink vió a la luz en Utrech, Holanda el 6 de abril de 1934. en el seno de una familia pobre, de hecho las estrecheces económicas lo obligaron ya con 12 años a trabajar en la construcción.

Con 14 años se enfundó por primera vez un judogi, con tanto éxito que ya a los 17 años consiguió la medalla de plata en el Campeonato de Europa de París de Kyus. De ahí en más, su colección de medallas europeas fue impresionante al punto de acumular 21 coronas del viejo continente.

A pesar del enorme dominio con el que reinaba en Europa, uno de los grandes méritos del oriundo de los países bajos, fue su sabia y atrevida decisión de irse a vivir a Japón y aprender la técnica del Judo en sus raíces, lo cual aliado a su enorme y poderoso físico hizo el resto.

Un detalle menos comentado o tal vez opacado por la gloria olímpica que saboreó, es haber sido también el primer judoka no japonés en vencer un Mundial y esto ocurrió en París 1961, época en la que no existía limitación de pesos y derrotó en la final al nipón Koji Sone.

Sin embargo Tokio 1964 sería el momento que lo llevó a los libros de la historia de nuestro deporte y del olimpismo. El impresionante pabellón que albergaba 15000 almas y en el que destacaba el verde tatami del Budokán olía a revancha, el gran templo universal del Judo en aquel momento, preparado con todo mimo por los organizadores, esperaba completar la barrida que había conseguido Japón hasta ese momento y todas las esperanzas recaían en el ídolo local Akio Kaminaga para frenar el ímpetu del gigante europeo.

Fueron poco más de nueve intensos minutos que a todos se le hicieron interminables, observando una final que entraría en la historia y en la que finalmente emergía vencedor el holandés al inmovilizar al nipón. Ese dia hubo caras de asombro, llantos, incredulidad y al mismo tiempo admiración por la gesta conseguida por Geesink.

La afición local incrédula y dolida asistió a la mayor derrota inflingida a Japón tras la Segunda Guerra Mundial, sin embargo respetuosos donde los haya, reconocieron y aplaudieron la victoria de Geesink, al punto de haber sido condecorado en 1997, con la Orden del Sagrado Tesoro otorgado por el gobierno del país asiático.

Después de ello Anton venció otro mundial senior en 1965 en Rio de Janeiro y se despidía por la puerta grande de los tatamis con un triunfo europeo en la capital italiana en 1967. Tras su retiro Geesink ocupó diversas responsabilidades en la promoción y enseñanza del judo y durante 23 años fue miembro del Comité Olímpico Internacional, además de llegar a ostentar el 10º Dan.

Fallecía en su ciudad natal en agosto del 2010 a los 76 años, el mundo entero del judo lloró su pérdida, pero su gesta quedó marcada para siempre en los anales del olimpismo.

FOTOS: AP/ IJF

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